‘La vida, como la conocen las personas, no es más que una minúscula parte de lo que en realidad es. Los poderes que algunas personas poseen superan con creces incluso a aquellos que poseen los guardianes elementales, pero eso no es todo. Nuestra vida, tal como es, está rodeada de magia; la vida misma no es si no el resultado de la magia de la naturaleza, esa magia que actúa día con día haciendo que las flores nazcan y el sol brille en lo alto del cielo, la misma magia que ha creado cada ser que habita en este mundo sin importar su tamaño o naturaleza. Pero no todo en esta vida es bondad y alegría, cuenta la leyenda que hace 300 años existieron cuatro grandes hechiceras, eran amadas y respetadas incluso por aquellos que al igual que ellas practicaban la magia o tenían alguna clase de poder, y esto se debía principalmente a que eran las únicas que habían podido domar y controlar a las cuatro bestias de la naturaleza, es decir, los cuatro guardianes elementales; el control sobre estos espíritus fue tan grande que ellos decidieron cederles parte de su poder y de esta forma permitirles ser sus dueños. Todo en esta vida debe estar en equilibrio, era lo que afirmaban las cuatro hechiceras, si el equilibrio se rompe la destrucción y muerte llegará arrasando con todo lo que se conoce y la vida jamás volverá a ser igual; por esta razón ellas eran las encargadas de mantener el equilibrio en la vida, hasta que un día, una de las hechiceras se reveló…’
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